
Maikel Nabil Sanad, bloguero egipcio, conocido con el seudónimo de Son of Ra, fue detenido el pasado 28 de marzo y, dos semanas más tarde, condenado a una pena de 3 años de cárcel. Era acusado de “insulto a la institución militar, publicación de noticias falsas y disturbios del órden público”. En su blog había publicado un informe que cuestionaba la aparente “neutralidad” del ejercito durante las manifestaciones de enero y febrero de 2011 que precedieron la caída del régimen de Hosni Mubarak, desvelando la implicación de militares en arrestos, detenciones arbitrarias y torturas. El 24 de agosto Sanad empezó una huelga de hambre, el juicio de apelación fue aplazado varias veces y, a finales de octubre, un juez decidió que el bloguero fuera recluido en un hospital psiquiátrico. Las violencias de las últimas semanas en la plaza Tahrir, acompañadas de nuevos casos de periodistas – locales y extranjeros – agredidos y detenidos, confirman que Sanad había acertado en sus denuncias.
No hay siempre un antes y un después, una clara línea de demarcación, en los países de Oriente Medio barridos a lo largo de los últimos meses por el viento de la revolución. La advertencia viene de Reporteros sin Fronteras que, cuando se cumple un año desde que empezó la “primavera árabe”, publica un informe sobre el papel de los medios, “testigos clave” del cambio pero también protagonistas en esta delicada fase de transición.
Un año en el que la prensa, como suele pasar en los lugares donde se hace historia, pagó un precio muy alto: 13 profesionales de la información (2 en Egipto, 1 en Túnez, 5 en Libia, 2 en Bahréin y 3 en Yemen) perdieron la vida en este periodo mientras realizaban su trabajo: entre ellos algunas reconocidas figuras del fotoperiodismo internacional, aunque la mayoría de las victimas fueron periodistas locales.
Frente al empleo masivo de nuevas herramientas de comunicación, como Facebook y Twitter, los gobiernos autoritarios respondieron con viejas y nuevas formas de represión. Las recuerda Soazig Dollet, responsable pare Oriente Medio de Rsf: “Vigilancia de la Red, corte de Internet, corte del las redes de telefonía móvil, interferencia de las cadenas que transmitían via satélite, confiscación de periódicos, agresiones y detensiones de profesionales de la información, blogueros e internautas, secuestros y asesinatos, expulsión de periodistas extranjeros, negación de visados”.
Una batería de medidas que, de todas formas, no lograron parar las protestas. En Túnez, antes de la caída de Ben Ali, los esfuerzos de la ciberpolicia “Ammar 404” fueron frustrados por los hackers de Anonymous, con una serie de ciberataques contra sitios gubernamentales. En Egipto, el bloqueo de las redes de Internet y de telefonía móvil impuesto por Mubarak ocasionó pérdidas por 90 millones de dólares en tan solo cinco días y enseguida las conexiones tuvieron que ser restablecidas.
También en Libia, mientras veía que la situación se le escapaba de las manos, Gadafi intentó responder con el corte de las líneas telefónicas. Un año después del comienzo de la “primavera árabe”, la situación más alarmante sigue siendo la de Siria, con 25 blogueros y periodistas entre rejas, otros secuestrados y torturados, y muchos corresponsales extranjeros expulsados.
(Traducción de un artículo del mismo autor, publicado en “Il Fatto Quotidiano”)















